Descarga, versión feminismo

Esta semana ha sido una (más) de titulares bochornosos en uno de los periódicos locales de este país en donde vivo—por desgracia.  En dos días, las publicaciones cibernéticas recorrieron el cuerpo de la mujer tal cual pieza inmobiliaria de Ikea.  La primera que me causó una reacción de ácido en los ojos se enfoca en la cara: Tres jóvenes boricuas entre las 50 caras más lindas del Congreso; la segundo en el cuerpo: Famosas que se han quedado desnudas en público; y la tercera en esa área “misteriosa” que no se menciona: Quiero una mujer que no esté usada.  En estos momentos de mi vida, prefiero pasar la mirada por los titulares sin leer la noticia.  Mi estabilidad—mental y emocional—es más importante que la opinión genérica de una sociedad superficial y patriarcal como ésta.

Aun mirando sólo los titulares y las fotos que los acompañan en las redes sociales, me pregunto cuánto tiempo más falta para que ocurra un cambio, aunque sea mínimo, en el modo de pensar de la gente; o cuándo se va a dejar de perpetuar la importancia de lo físico, el estándar de belleza, frente a la inteligencia y a lo que uno es capaz de hacer como individuo; o cuándo—aun entre personas brillantes—se va a mirar al sexo femenino y al feminismo como algo positivo y no como el cuco, el monstruo, el otro, lo débil, lo incapaz.

Llegar a este estado en esta reflexión me incomoda porque he notado cómo el feminismo se ha expandido pero todavía existen restricciones—sociales y autoimpuestas. 

Es decir, mi inmersión al feminismo comenzó con muchas de las conversaciones que tuve con mi hermana cuando ella comenzaba su bachillerato.  En aquel momento, yo cursaba la escuela intermedia y experimentaba la preferencia de lxs maestrxs con mis compañeros (masculinos).  Detalles que aparentan ser boberías en la mentalidad de una adolescente comenzaron a tener explicaciones con estas conversaciones.  Mientras más años pasaban, más cosas entendía, más textos había leído y escrito.  Recuerdo haber mencionado este tema en ensayos de escuela superior (una escuela pública y conservadora) y ver las caras de lxs maestrxs cuando no sabían si juzgarme o darme buena nota porque no podían hacer nada más.

El feminismo me llevó de la mano hasta que entré a la universidad y tomé mi primera clase puramente teórica sobre el tema.  No niego que fue intensiva pero necesaria.  Trabajar textos de Butler, Arendt, Beauvoir, Irigaray, Kristeva, Haraway y demás alteraron mi forma de ver el mundo, de vivir y de pensar.  Esto, junto a Laura Mulvey y Linda Williams con la teoría de cine desde la perspectiva feminista, impactaron mi juicio académico, mi mapa conceptual.

Ha sido un camino largo que todavía está en crecimiento y enriquecimiento, y que ha traído repercusiones en todos los aspectos de mi vida; desde cómo me expreso, las palabras que utilizo, la forma en que pienso, cómo me veo a mí misma frente al espejo y frente al mundo, cómo establezco mis relaciones interpersonales y románticas, y cómo veo al mundo desde otra ideología que no es la del status quo.  Esto último ha sido problemático pero no imposible.

Habiendo dicho esto, las redes sociales han ayudado grandemente a la expansión del feminismo.  Y lo aplaudo.  Mi incomodidad surge con la apropiación de esta palabra sin el conocimiento o reconocimiento de todo lo que incluye—que no es meramente la lucha por la igualdad—y la desinformación que esto ocasiona.  Es decir, ¿cómo vas a nombrarte feminista cuando sólo conoces un lado del todo o cuando lo que conoces son palabras masticadas por segundas y terceras personas?  En un tema como éste, tener opiniones propias y empaparse desde adentro es la decisión más correcta y apropiada.  ¿Por qué?  Porque es un tema al que hay que defender siempre y se necesitan personas capaces de defenderlo.

Viéndolo desde la metáfora de la película They Live (1988), introducirse al feminismo es ponerse las gafas que le permiten a John Nada ver la verdad detrás de la ideología.  Entiendo que este ejercicio es uno complejo pero no se realiza en vano y no debe hacerse a medias.  Nombrarse feminista no es serlo para unos aspectos y para otros no.  Como dicen las personas obsesionada con lo saludable, “healthy is a lifestyle.” Y el feminismo también.  Es una decisión que se toma y que debe aplicarse a todos los aspectos de la vida.  Cliché, lo sé, pero me repugna encontrarme con individuos “feministas” que se contradicen con sus acciones y ni siquiera se detienen a pensarlo.

La visión a través de las gafas en They Live (1988)

 

Otra perspectiva a través de las gafas en They Live (1988)

 

Puede ser agotador pero es suficiente con estar consciente y saber la verdad detrás de la cortina, las gafas y la ceguera que promueve la sociedad y el patriarcado.  Reconozco que disfruto música o películas que perpetúan los estándares sociales comunes—la diferencia es admitirlo pero no sin prohibirte o censurar los intereses propios.  Si yo llegara a ese nivel, mis pasatiempos e intereses se reducirían en un 60%.  La clave está en decir: “sí, yo sé que está jodido lo que dice está canción pero de verdad que el ritmo me gusta un montón” o “sí, yo sé que este videojuego es súper sexista pero me divierte mucho.”

Quisiera decir que tengo fe en que esta visión se riegue como un virus pero no es así.  Es más fácil ir con la corriente que en contra de ella; es más fácil ver al mundo sin las gafas de John Nada.

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